No hace falta entrar en un museo para encontrar la antigua Valentia. Varias inscripciones romanas continúan empotradas en edificios de Ciutat Vella y pasan inadvertidas cada día ante cientos de personas
Valencia tiene una ciudad romana escondida bajo sus pies. Pero algunos fragmentos de aquella Valentia fundada en el año 138 a. C. ni siquiera están bajo tierra.
Están delante de nosotros.


En fachadas, esquinas y muros de Ciutat Vella sobreviven piedras que fueron talladas e inscritas hace cerca de dos milenios. Algunas terminaron reutilizadas siglos después como simples materiales de construcción; otras fueron colocadas deliberadamente en edificios posteriores.
Una de las más sorprendentes se encuentra en la calle Trinquete de Caballeros. Otra permanece en la calle Vidal. Y muy cerca, en la propia Basílica de la Virgen de los Desamparados, encontramos otro extraordinario conjunto.
El libro 100 curiosidades de València, de Gabriel Benavides Escrivà, nos puso sobre esta pista: su primera entrada está precisamente dedicada a las lápidas de Trinquete de Caballeros y Vidal. 01d704c44dbee6d6
Pero hemos seguido investigando.
Y detrás de aquellas piedras aparecen nombres de personas que vivieron en la Valencia romana.
Una lápida romana escondida casi a ras de suelo
Hay que saber dónde mirar.
En la calle Trinquete de Caballeros, muy cerca de San Juan del Hospital, una inscripción permanece empotrada en la pared exterior de un edificio.
Está situada a poca altura del suelo.
Por eso resulta muy fácil pasar por delante sin verla.
El libro explica que la proximidad al antiguo foro romano hizo que numerosos restos de aquella época acabaran incorporándose posteriormente a edificios de Ciutat Vella. 01d704c44dbee6d6
La investigación arqueológica nos permite ser mucho más precisos en este caso.
La pieza fue hallada en 1727 en el huerto de la iglesia de San Juan del Hospital y posteriormente quedó empotrada en la pared exterior de la casa número 1 de Trinquete de Caballeros. Así figura en el estudio Inscripciones romanas de Valentia conservado por el Museu de Prehistòria de València. Mupreva
Es decir, no estamos contemplando una reproducción.
Estamos delante de una inscripción procedente de la Valentia romana.


La inscripción todavía puede leerse
El texto latino ha sido identificado como:
L. SCRIBONIO
EVPHEMO
SEVIRO AVG.
L. RVBRIVS
EVTYCHES
AMICO
La catalogación epigráfica desarrolla el texto como una dedicatoria de Lucius Rubrius Eutyches a su amigo Lucius Scribonius Euphemus, que era sevir Augustalis. Mupreva
Y aquí la piedra empieza a contar una historia mucho más interesante.
¿Quién era Lucius Scribonius Euphemus?
El nombre Euphemus proporciona una pista.
Es un cognomen de origen griego frecuente entre esclavos y libertos. Los investigadores consideran que tanto Scribonius Euphemus como quien le dedicó el monumento, Rubrius Eutyches, probablemente pertenecieron a ese mundo de antiguos esclavos que habían obtenido la libertad. Mupreva
Pero Scribonius había alcanzado una posición particular:
era sevir Augustalis.
Los seviri Augustales estuvieron relacionados con el culto imperial y constituyeron una vía importante de integración y promoción social para los libertos de las ciudades romanas.
Por tanto, esa pequeña piedra que hoy prácticamente roza la acera nos habla de algo mucho mayor:
la movilidad social en la Valencia romana.
No recuerda a un emperador ni a un general.
Recuerda a un hombre que probablemente había sido esclavo y que, después de conseguir la libertad, alcanzó cierta relevancia dentro de la sociedad de Valentia.
El propio libro señala precisamente esta relación entre los libertos y el sevirato augustal. 01d704c44dbee6d6
Y sabemos cuándo apareció
Aquí tenemos otro detalle fantástico para el reportaje.
1727.
Ese año apareció la inscripción en terrenos de San Juan del Hospital. Mupreva
Eso significa que durante siglos permaneció enterrada o integrada en aquel espacio hasta que alguien volvió a encontrarse con los nombres de:
Scribonius Euphemus y Rubrius Eutyches.
Más de un milenio después de su muerte.
A pocos minutos hay otra inscripción romana
Nuestra ruta puede continuar andando.
Nos desplazamos hasta la calle Vidal, esquina con Marqués de Dos Aguas.
Allí vuelve a ocurrir algo parecido.
Otra piedra romana permanece integrada en un edificio contemporáneo. El libro describe la pieza como un pedestal de piedra caliza cuyo lateral izquierdo se encuentra parcialmente destruido. 01d704c44dbee6d6
Sin embargo, aquí encontramos una cuestión que merece ser advertida.
La bibliografía divulgativa que hemos localizado no coincide completamente sobre la interpretación de la inscripción.
Una fuente la relaciona con libertos vinculados a un patrón denominado Biccius. Wikiloc | Rutas del Mundo
Otra catalogación divulgativa de las lápidas de Valencia ofrece una lectura diferente y la interpreta como una dedicatoria de Riccius Atimetus y Riccia Nymphe a Quintus Iunius Cratus. JDiez Arnal
Por tanto, en LPV no presentaría ninguna de esas dos interpretaciones como definitivamente resuelta sin acudir antes al corpus epigráfico especializado.
Y esto, en realidad, hace la historia todavía más interesante:
las piedras están ahí, pero interpretar correctamente lo que dicen es trabajo de arqueólogos y epigrafistas.
El gran secreto está en la Plaza de la Virgen
Todavía podemos continuar.
Porque probablemente miles de personas pasan cada semana junto a otro conjunto romano sin saberlo.
Tenemos que llegar hasta la Basílica de la Virgen de los Desamparados.
Parte de las piedras empleadas en sus muros son anteriores al propio edificio.
Muchísimo anteriores.
El libro identifica cinco inscripciones romanas contiguas utilizadas como sillares en la construcción. 01d704c44dbee6d6
Una de ellas habría estado dedicada a Asclepio, dios grecorromano relacionado con la medicina.
Otra recuerda a Sertoria Maxima.
Otra menciona a Antonia Lepida.
Y hay una particularmente fascinante porque alguien intentó hacer precisamente lo contrario de lo que hacemos nosotros ahora:
borrar un nombre de la historia.
Una «damnatio memoriae» en pleno centro de Valencia
En una de esas inscripciones el nombre fue deliberadamente eliminado.
Es lo que conocemos como damnatio memoriae: la eliminación de inscripciones, imágenes o referencias de determinadas personas después de caer en desgracia.
El documento estudiado atribuye esta inscripción a Julia Mamaea, madre del emperador Alejandro Severo, y explica que su nombre fue borrado tras su caída. 01d704c44dbee6d6
La ironía resulta extraordinaria.
Hace casi 1.800 años alguien trató de conseguir que su nombre desapareciera.
Y todavía hoy podemos contemplar las marcas de aquel intento en una pared de Valencia.
¿Por qué hay piedras romanas en edificios mucho más modernos?
Porque durante siglos una ruina antigua no siempre se contemplaba como patrimonio arqueológico.
Era también una magnífica cantera.
Extraer, transportar y tallar grandes bloques de piedra requería muchísimo trabajo. Si una construcción anterior proporcionaba sillares perfectamente aprovechables, reutilizarlos tenía todo el sentido económico.
Es lo que se denomina spolia: reutilización de materiales arquitectónicos procedentes de construcciones anteriores.
El propio libro explica cómo sillares y lápidas romanas acabaron empleados en edificios posteriores, bien por razones prácticas o incluso como elementos decorativos. 01d704c44dbee6d6
Por eso la Valencia medieval, renacentista y barroca terminó absorbiendo físicamente fragmentos de la Valencia romana.
La ciudad se construyó literalmente:
piedra sobre piedra.
Manuel Carboneres ya las buscaba en 1873
Aquí aparece otro personaje fundamental para nuestra investigación.
Manuel Carboneres.
En 1873 publicó Nomenclator de las puertas, calles y plazas de Valencia, una obra cuyo propio título anuncia que incluye noticias sobre antiguas lápidas que todavía existían en la ciudad. La Biblioteca Virtual del Patrimonio Bibliográfico conserva actualmente la ficha y copia digital de la obra. BVPB
El libro de Gabriel Benavides utiliza precisamente ese trabajo para explicar que Carboneres realizó un inventario de las inscripciones romanas visibles entonces en Valencia. 01d704c44dbee6d6
Esto abre otra investigación fantástica.
Comparar:
las lápidas que Carboneres vio en 1873 con las que podemos encontrar en 2026.
Porque algunas siguen donde estaban.
Otras cambiaron de lugar.
Y otras desaparecieron.
Una pequeña ruta por la Valentia que permanece sobre la superficie
Podemos convertir todo esto en una pequeña ruta para Locos por Valencia.
El recorrido puede hacerse perfectamente andando por Ciutat Vella:
Trinquete de Caballeros → calle Vidal → Plaza de la Virgen/Basílica.
No necesitamos excavaciones.
No necesitamos bajar varios metros bajo el suelo.
Solo necesitamos mirar las paredes.
En Trinquete de Caballeros encontramos el recuerdo de dos hombres probablemente relacionados con el mundo de los libertos romanos.
En Vidal, otra inscripción reutilizada nos devuelve nuevamente a los habitantes de Valentia.
Y en la Basílica descubrimos un pequeño museo epigráfico integrado en la propia arquitectura.
Valencia tiene un museo romano repartido por sus calles
Quizá esa sea la parte más extraordinaria.
Estamos acostumbrados a buscar el pasado romano en museos o yacimientos como l’Almoina.
Pero una parte de Valentia nunca entró en una vitrina.
Sobrevivió incorporada a la propia ciudad.
Una piedra pudo pertenecer a un monumento romano.
Siglos después fue encontrada.
Alguien decidió reutilizarla.
Se levantó otro edificio alrededor.
Pasaron generaciones.
Cambió completamente Valencia.
Y aquella piedra continuó allí.
Hoy alguien puede caminar apresuradamente por Trinquete de Caballeros mirando el teléfono y pasar a menos de un metro del nombre de un hombre que vivió en Valentia hace aproximadamente dos mil años.
Solo hay que saber dónde mirar.
