Las Fallas comienzan a escribirse mucho antes de que se planten los monumentos o suene la primera mascletà. Uno de los secretos más esperados de cada reinado fallero es el espolín que lucirán las Falleras Mayores de Valencia, una auténtica obra de arte tejida hilo a hilo siguiendo técnicas centenarias que apenas han cambiado desde el siglo XVIII.
El Ayuntamiento de Valencia ya ha adjudicado la elaboración de los espolines oficiales de las máximas representantes de la fiesta para los ejercicios 2027 y 2028 a Compañía Valenciana de la Seda y Vives y Marí, dos de las firmas más emblemáticas del sector sedero valenciano.
Un trabajo artesanal que apenas ha cambiado en 300 años
Los espolines de las Falleras Mayores continúan elaborándose mediante técnicas tradicionales utilizadas por los maestros sederos valencianos durante los siglos XVIII y XIX.
Cada pieza se confecciona en telares manuales y sin mecanismos automatizados, dependiendo únicamente de la experiencia, la precisión y la habilidad del tejedor o tejedora encargados de dar vida al diseño elegido. El proceso puede prolongarse durante varios meses debido a la enorme complejidad de cada dibujo y a la cantidad de colores y matices que intervienen en el tejido.
El color del espolín, uno de los secretos mejor guardados de las Fallas
Existe una tradición que se mantiene intacta generación tras generación: la Fallera Mayor y la Fallera Mayor Infantil de Valencia eligen personalmente el color de su espolín tras su nombramiento oficial en el mes de octubre.
La decisión suele mantenerse en absoluto secreto hasta los actos de exaltación, convirtiéndose en uno de los momentos más esperados por el mundo fallero y por los amantes de la indumentaria tradicional.
Cada combinación de colores es única y no vuelve a repetirse exactamente en futuras representantes de la fiesta.
Más de 30 colores y miles de hilos de seda natural
La elaboración de un espolín exige una precisión extraordinaria.
Los tejidos de las Falleras Mayores incorporan más de treinta colores diferentes y miles de hilos de seda natural perfectamente coordinados para crear dibujos florales y ornamentales característicos de la tradición valenciana.
Además, cada traje requiere más de trece metros de tejido para confeccionar la falda y el jubón, además de la seda lisa utilizada en los corpiños de manga larga.
La seda valenciana, un patrimonio que sigue vivo
Valencia fue durante siglos uno de los grandes centros sederos de Europa.
El histórico barrio de Velluters llegó a albergar centenares de telares y miles de trabajadores dedicados a la producción de seda, convirtiendo a la ciudad en uno de los motores económicos del Mediterráneo durante la Edad Moderna.
Aunque aquella industria desapareció prácticamente con la industrialización, algunas empresas y talleres han logrado mantener viva la tradición hasta nuestros días.
Dos firmas históricas para preservar la tradición
La elección de las empresas encargadas de los espolines no es casual.
Compañía Valenciana de la Seda mantiene una tradición textil que se remonta a finales del siglo XVIII y conserva una importante colección histórica de dibujos y tejidos valencianos.
Por su parte, Vives y Marí acumula más de siete décadas dedicadas a la seda valenciana y se ha convertido en una de las principales referencias nacionales en espolines e indumentaria tradicional.
Mucho más que un tejido
Para el mundo fallero, el espolín representa mucho más que una tela.
Es un símbolo de la historia de Valencia, del trabajo artesanal y de un patrimonio cultural que ha logrado sobrevivir al paso del tiempo gracias a generaciones de artesanos que continúan tejiendo exactamente igual que lo hacían sus antepasados hace más de dos siglos.
Cada nuevo espolín es, en realidad, una pequeña pieza de historia valenciana que vuelve a nacer cada año sobre un telar.
