Cuando Mestalla se llenó de barro: la riada de 1957 y la herida que marcó a Valencia
La imagen es tan dura como elocuente: varios hombres retirando toneladas de barro del terreno de juego de Mestalla, con las gradas al fondo, aún silenciosas, heridas por el paso devastador del agua. Es octubre de 1957 y Valencia acaba de vivir una de las mayores tragedias de su historia contemporánea.
La riada que lo cambió todo

La noche del 13 al 14 de octubre de 1957, el río Turia se desbordó tras días de lluvias torrenciales. El agua arrasó barrios enteros, provocó decenas de víctimas mortales y dejó a miles de personas sin hogar. Valencia quedó paralizada, cubierta de barro, ruina y silencio.
La catástrofe no distinguió entre viviendas humildes, fábricas, comercios o símbolos de la ciudad. Uno de ellos fue el estadio de Mestalla, corazón deportivo y emocional del valencianismo.
Mestalla bajo el barro

El estadio del Valencia CF quedó completamente anegado. El césped desapareció bajo una espesa capa de lodo, arrastrado por la fuerza del agua. La fotografía de la retirada manual del barro, con palas y esfuerzo humano, se convirtió con el tiempo en un documento histórico de enorme valor.
No era solo un campo de fútbol lo que se limpiaba. Era un símbolo de normalidad, de identidad colectiva, de una ciudad que necesitaba reconstruirse física y anímicamente.
Trabajo, dignidad y memoria
En la imagen, los trabajadores inclinan la espalda sin artificios ni maquinaria pesada. No hay espectáculo ni épica impostada. Solo personas devolviendo la vida a un espacio común. Ese gesto resume bien el espíritu de la Valencia de entonces: una ciudad golpeada, pero decidida a levantarse.
La riada de 1957 no solo cambió el urbanismo de Valencia —dio origen al Plan Sur y al desvío del Turia—, también dejó una huella profunda en su memoria colectiva.
Una fotografía para no olvidar
Décadas después, esta imagen sigue interpelando al presente. Nos recuerda la fragilidad de la ciudad frente a la naturaleza, pero también la capacidad de resistencia de su gente. Mestalla volvió a llenarse de fútbol, de gritos y de vida. El barro se fue, pero la memoria permanece.
Mirar esta fotografía hoy es mirar de frente una parte esencial de la historia de Valencia. Una historia que no debe borrarse ni olvidarse.
Valencia es memoria, y la memoria también se construye con imágenes. La riada de 1957 y Mestalla cubierto de barro forman parte de ese relato que explica quiénes fuimos y por qué la ciudad es como es hoy.
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