
Un nuevo informe de la Asociación de Empresas de Fabricantes y Distribuidores (Aecoc), presentado este 5 de marzo de 2026 en el 23º Congreso de Seguridad Alimentaria, revela una preocupante contradicción en los hogares españoles: aunque el 94% lee las etiquetas, la mayoría ignora la fecha de caducidad si el producto «parece estar bueno».
La paradoja del consumidor: Informado pero imprudente
El Barómetro sobre Seguridad Alimentaria destaca que, a pesar de que el 81% comprueba la fecha de caducidad antes de comprar, el comportamiento cambia radicalmente una vez el producto está en la nevera.
- El criterio del «aspecto»: Siete de cada diez españoles deciden ingerir alimentos vencidos basándose exclusivamente en el olor, color o sabor, ignorando las advertencias sanitarias de la etiqueta.
- Interés nutricional: La lista de ingredientes interesa al 67% de los usuarios, mientras que la información nutricional preocupa al 48%.
Errores comunes en la conservación del hogar
El congreso, que ha reunido a más de 320 profesionales en Madrid, ha puesto el foco en hábitos domésticos que aumentan el riesgo de intoxicaciones alimentarias:
| Práctica de riesgo | Porcentaje de población |
| Dejar enfriar comida fuera de la nevera durante horas | 87% |
| Recalentar las sobras más de una vez | 65% |
| Descongelar alimentos sobre el mostrador de la cocina | 47% |
| Guardar latas abiertas directamente en la nevera | 41% |
| Consumir tortilla o hamburguesas poco hechas | 33% – 21% |
Confianza en el sistema y controles fronterizos
A pesar de estos fallos en la manipulación, el 73% de los encuestados cree que los niveles de seguridad alimentaria han mejorado en las últimas tres décadas. Además, el 54% afirma que las alertas de retirada de productos refuerzan su confianza en el sistema de control, al ver que los mecanismos de vigilancia funcionan.
Desde el Ministerio de Agricultura se ha informado de un refuerzo en los controles fronterizos:
- Se han incrementado un 25% las inspecciones en frutas y hortalizas para detectar plaguicidas.
- Los controles en productos de origen animal han subido un 38%, con auditorías rigurosas en los países de origen antes de su llegada a España.