El Micalet cumplió seis siglos de historia y lo hizo como mejor sabe València: haciendo sonar su memoria. El emblemático campanario de la Catedral se convirtió el domingo en el gran protagonista de una celebración singular que mezcló patrimonio, música y pólvora en un concierto extraordinario que devolvió a la ciudad el sonido original de sus bronces, dialogando con la Banda Municipal y la pirotecnia tradicional.






La Plaza de la Virgen acogió a mediodía un acto que fue mucho más que un concierto. Fue una declaración de intenciones: reivindicar el Micalet no solo como símbolo arquitectónico, sino como parte viva del paisaje sonoro y emocional de València.
Seis siglos como testigo de la historia de València
El Micalet, también conocido como Miguelete, ha sido durante seiscientos años una torre funcional, simbólica y profundamente ligada a la vida cotidiana de la ciudad. Su nombre procede de la campana mayor, la Miguel, de unos siete mil quinientos kilos de peso, considerada la más grande de la antigua Corona de Aragón.
A lo largo del acto se recordó que la torre no nació integrada en la Catedral, sino exenta, y que no fue hasta finales del siglo XV cuando quedó unida al conjunto catedralicio tras una reforma que coincidió con la incorporación de la capilla del Santo Cáliz. Su construcción, iniciada en tiempos de Pedro el Ceremonioso y concluida durante el reinado de Alfonso V el Magnánimo, se prolongó durante casi cincuenta años.
Con más de sesenta metros de altura, doscientos siete escalones y planta octogonal —un número cargado de simbolismo cristiano, asociado a la resurrección—, el Micalet fue recordado como una estructura “viva”, que ha ido adaptándose a los tiempos. No siempre tuvo su actual espadaña, añadida un siglo después, ni una única función.
De torre defensiva a corazón sonoro de la ciudad
Durante la celebración se puso en valor el papel multifuncional que tuvo el Micalet a lo largo de los siglos. Sirvió como torre de avisos a la población, punto de vigilancia ante incursiones piratas, refugio en tiempos de guerra e incluso como puesto antiaéreo durante la Guerra Civil. En su interior llegaron a convivir usos tan dispares como una prisión para clérigos, un espacio de asilo para quienes se acogían a sagrado y la vivienda del campanero.
Pero si hubo un hilo conductor en toda la jornada fue el sonido. Las campanas del Micalet marcaron durante siglos el ritmo de la ciudad: avisaban de celebraciones, peligros, funerales, fiestas y acontecimientos extraordinarios. Ese patrimonio inmaterial fue el que se quiso recuperar y reinterpretar en el concierto conmemorativo.
Un concierto concebido como homenaje al paisaje sonoro
El acto central del aniversario fue un concierto de unos treinta minutos que combinó tradición y creación contemporánea. Participaron el Gremio de Campaneros, la Banda Municipal de Valencia —dirigida por Cristóbal Soler— y varias comisiones falleras vinculadas históricamente al Micalet.
El programa se estructuró en tres piezas. La primera, titulada El Micalet, arrancó con un volteo suave de campanas que sirvió como evocación sonora del pasado. La segunda obra, el poema sinfónico Es chopà hasta la Moma, recreó musicalmente una procesión del Corpus y culminó con un volteo general, reforzando el vínculo entre música, rito y ciudad.
La tercera y última pieza fue la Obertura 1812 de Chaikovski, concebida como el momento culminante del concierto. En ella, las campanas tuvieron una presencia protagonista y se integró pirotecnia en directo, cerrando el espectáculo con un toque tradicional de traca que unió el volteo final con una mascletà.
Un reto técnico y una apuesta cultural
La coordinación del concierto supuso un importante reto técnico. Los campaneros actuaron desde lo alto de la torre, conectados en todo momento con el director de la banda, mientras que parte de la pirotecnia fue activada de manera sincronizada desde la percusión. El resultado fue un ejercicio de precisión que permitió que música, campanas y pólvora funcionaran como un único lenguaje.
La iniciativa se enmarcó dentro de la estrategia València Music City, que busca visibilizar el patrimonio musical y sonoro de la ciudad y conectarlo con redes internacionales de ciudades que apuestan por la música como elemento cultural, social y económico.
Un aniversario que miró al pasado para proyectarse al futuro
La celebración del sexto centenario del Micalet no fue solo un acto conmemorativo. Fue una forma de recordar que el patrimonio no es únicamente piedra, sino también sonido, memoria y emoción compartida. Durante unos minutos, València volvió a escuchar su historia tal y como lo hicieron generaciones enteras antes.
El Micalet, seis siglos después de su construcción, volvió a cumplir una de sus funciones más antiguas: reunir a la ciudad a su alrededor y marcar, con el sonido de sus campanas, un momento que ya forma parte de la memoria colectiva valenciana.