Cuando la ciudad se detiene por una tradición que une generaciones






































No es solo una cita marcada en el calendario. Cada 17 de enero, la calle Sagunto cambia su ritmo y su paisaje para acoger uno de los actos más queridos por los valencianos: la bendición de los animales en honor a San Antonio Abad. Una tradición que mezcla fe, cultura popular y una relación muy íntima con los animales, y que este año ha vuelto a reunir a miles de personas pese a la amenaza de lluvia.
Desde primera hora, la vía se cierra al tráfico y se transforma en un espacio festivo donde familias enteras, con mascotas de todo tipo, esperan su turno. La escena se repite año tras año, pero nunca es exactamente igual.



































Una misa mayor que abre la jornada
La jornada comienza con la misa mayor, presidida por el párroco y con una amplia presencia de fieles y autoridades. Es el punto de partida de un día que va mucho más allá del acto religioso. Tras la ceremonia, la atención se traslada a la calle Sagunto, donde el público ocupa el recorrido vallado a la espera del momento más esperado.









































































































































































Mascotas, emoción y cifras que hablan solas
La bendición arranca con los animales domésticos, la parte más popular y cercana del festejo. Perros, gatos, tortugas, aves y mascotas de todo tipo pasan ante el sacerdote mientras se reparten más de 2.500 bolsas con algarrobas, rosquilletas y estampas del santo. Cuando la festividad cae en fin de semana, como este año, la asistencia puede superar las 13.500 personas, un dato que refleja la dimensión social del evento.
Del cariño cotidiano al espectáculo tradicional
Una vez finalizada la bendición de mascotas, llega el turno de los carruajes y caballerías, uno de los momentos más vistosos del desfile. Expertos en carros, monturas y tradición ecuestre comentan cada paso en valenciano, explicando al público el valor histórico y cultural de lo que desfila ante sus ojos. No es solo un espectáculo: es una lección viva sobre la huerta, el campo y la relación histórica de Valencia con los animales.
Un cielo en tregua y un reconocimiento histórico
Aunque muchos asistentes acudieron preparados para la lluvia, el cielo dio una tregua que permitió que la celebración luciera con todo su esplendor. Además, la jornada estuvo marcada por una noticia muy especial: la Hermandad de San Antonio Abad ha recibido el reconocimiento de ‘real hermandad’ por parte de Felipe VI.
Un reconocimiento que llega tras años de trabajo y que fue celebrado con emoción por los antonianos.
Autoridades y un anuncio que mira al futuro
El acto contó con la presencia de las falleras mayores de Valencia 2026, Carmen Prades y Marta Mercader, así como de la alcaldesa María José Catalá, quien felicitó públicamente a la hermandad y anunció que el próximo año recibirá la Medalla de Oro de la ciudad durante los actos del 9 d’Octubre.
Un gesto que reconoce una trayectoria de más de siete décadas desde la refundación moderna de la hermandad.
Historias pequeñas que hacen grande la fiesta
Entre los cientos de animales bendecidos, algunas historias captaron especialmente la atención del público. Desde Ares, un imponente gato de diez kilos que debutaba en la bendición, hasta Milo, vestido de valenciano en recuerdo de otras mascotas perdidas. También hubo perros disfrazados, tortugas transportadas con cuidado y hasta una urraca criada con dedicación en un hogar valenciano.
Son estas historias, íntimas y emocionales, las que convierten la bendición en algo más que un desfile.
Una tradición con raíces medievales
La festividad de San Antonio Abad en Valencia se remonta al siglo XIV, cuando los primeros antonianos llegaron a la ciudad en 1333. Desde entonces, la celebración ha evolucionado, pero mantiene intacto su espíritu: proteger y honrar a los animales. Tras un periodo de desaparición, la fiesta se recuperó definitivamente en 1952, y desde entonces no ha dejado de crecer.
Hoy, además de la bendición y la hoguera tradicional, la hermandad desarrolla una importante labor social en apoyo a asociaciones protectoras de animales de la provincia.
Por qué esta fiesta sigue importando
En una ciudad cada vez más acelerada, la bendición de animales de Sant Antoni sigue siendo un punto de encuentro intergeneracional. Un día en el que Valencia se mira a sí misma, recuerda su historia y reafirma una relación ancestral con los animales que forman parte de la vida cotidiana de miles de hogares.
Más que una agenda, es una tradición viva que, cada enero, vuelve a latir con fuerza en la calle Sagunto.