La cadena de Marsella y la flecha que llegó a Valencia
Redacción | 2 de enero de 2026

La historia de la cadena del puerto de Marsella comienza en una noche decisiva del otoño de 1423. El Mediterráneo vive entonces un momento de máxima tensión política y militar, con la Corona de Aragón inmersa en la lucha por el control del Reino de Nápoles. Marsella, aliada de la Casa de Anjou, se convierte en un objetivo estratégico de primer orden.
El puerto viejo de la ciudad francesa está protegido por un sistema defensivo imponente: una enorme cadena de hierro que cierra la entrada entre torres y evita el paso de naves enemigas. Para los marselleses, ese hierro simboliza la seguridad absoluta. Ningún ataque puede prosperar mientras la cadena permanezca intacta.
La noche en que cayó la cadena

Entre el 20 y el 23 de noviembre de 1423, la flota aragonesa aparece frente a Marsella. La tradición histórica sitúa el momento clave en una acción tan precisa como audaz: una flecha de ballesta, disparada con extraordinaria fuerza y exactitud, impacta en el punto clave de la cadena.
Las crónicas atribuyen el disparo a caballeros como Romeu de Corbera o Bernat de Centelles, aunque el detalle concreto se pierde entre la historia y la leyenda. Lo cierto es que el hierro, fatigado por la tensión y los años, cede. El estruendo metálico anuncia que la defensa ha caído.
Con la cadena rota, las naves aragonesas entran en el puerto. Marsella es saqueada y el golpe tiene un valor que va más allá de lo militar: demuestra que el poder marítimo de Alfons el Magnànim no conoce barreras en el Mediterráneo.
De trofeo de guerra a exvoto
Tras la victoria, los restos de la cadena y la flecha que la rompió son trasladados a Valencia. En 1424, el propio rey los ofrece a la Catedral como exvoto. No es un gesto menor: en la mentalidad medieval, la victoria se interpreta como un favor divino que debe ser agradecido públicamente.
Durante siglos, los fragmentos de la cadena cuelgan visibles en el altar mayor de la Seo valenciana. No solo recuerdan una hazaña militar, sino que actúan como símbolo del poder del reino, de su proyección mediterránea y de la protección celestial invocada por la monarquía.
La cadena hoy: memoria de un Mediterráneo en guerra
En la actualidad, la cadena y la flecha se conservan en la Capilla del Santo Cáliz. El hierro oxidado ya no defiende puertos ni bloquea flotas, pero sigue contando una historia de ambición política, guerra naval y fe.
Habla de un Mediterráneo disputado, de ciudades fortificadas y de una noche en la que una sola flecha cambió el destino de un puerto entero. Y habla también de Valencia, convertida en custodio de una reliquia que une historia, poder y simbolismo en un mismo objeto.
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