Durante décadas fue una incógnita silenciosa del patrimonio artístico español. La Chata, una obra del pintor valenciano Joaquín Sorolla, había desaparecido sin dejar rastro en los años setenta. Nadie sabía dónde estaba. Nadie la había visto. Hasta ahora.
La investigación ha permitido confirmar que el cuadro se encontraba, desde hace más de cincuenta años, en el Palacio de Liria, residencia histórica de la Casa de Alba en Madrid.
Un hallazgo fortuito que reabre un viejo expediente
La pista surgió entre finales de 2023 y principios de 2024, cuando el palacio acogió una exposición temporal. En ese contexto se detectó la presencia de una pintura firmada por Sorolla que coincidía plenamente con la obra desaparecida en 1973.
Se trata de un retrato fechado en 1908 de Isabel de Borbón, conocida popularmente como La Chata. La obra formaba parte del patrimonio de la ya extinta Sociedad Española de Amigos del Arte, una entidad dedicada a la promoción artística que se disolvió oficialmente en el siglo XX.
La conexión familiar que explica el silencio
Entre los miembros de aquella sociedad figuraba Luis Martínez de Irujo, primer marido de Cayetana Fitz-James Stuart y padre del actual duque, Carlos Fitz-James Stuart.
La revisión de archivos ha permitido confirmar que el cuadro permanecía en el palacio al menos desde septiembre de 1973, sin constar ningún trámite oficial de cesión, donación o adquisición legal por parte del Estado.
Qué dice la ley sobre estas obras
Según los estatutos de la Sociedad Española de Amigos del Arte, todo su patrimonio debía pasar a manos públicas en caso de disolución. Algo que nunca se ejecutó formalmente, lo que dejó a varias obras en una especie de limbo jurídico durante décadas.
En la misma operación se han localizado otras dos pinturas que habían corrido la misma suerte: dos óleos del artista José Moreno Carbonero, uno con un retrato de Alfonso XIII y otro del político Eduardo Dato.
El futuro del Sorolla recuperado
El objetivo ahora es claro: que las obras pasen definitivamente a disposición del Estado y formen parte del patrimonio público accesible. Un desenlace que pone fin a uno de los misterios más llamativos del arte español contemporáneo.
Cincuenta años después, La Chata ha vuelto a aparecer. Y con ella, una historia que recuerda que el arte también puede desaparecer… y reaparecer cuando menos se espera.