Los últimos condenados al garrote vil en Valencia: un crimen que marcó el final de una época
Redacción | 27 de diciembre de 2025
La madrugada del 17 de mayo de 1976, un disparo de escopeta en una whiskería de la calle Islas Canarias de Valencia acabó con la vida de una joven camarera de 22 años. Aquel crimen no solo truncó una historia personal marcada por la precariedad y la esperanza, sino que también empujó a cinco jóvenes al borde de la pena de muerte, en uno de los últimos episodios del garrote vil en España.
La víctima, María Luz Divina Peláez Martínez, había llegado pocos días antes a Valencia desde un pequeño municipio de Palencia en busca de un futuro mejor. Madre soltera de dos hijos pequeños, trabajaba como camarera en la whiskería Don Cicuta cuando una banda de atracadores irrumpió en el local.
Un atraco que acabó en tragedia
Durante el asalto, uno de los atracadores efectuó varios disparos para intimidar a clientes y trabajadoras. Uno de ellos impactó en el pecho de la joven camarera, causándole la muerte en el acto. Tras sembrar el pánico, los asaltantes huyeron con un botín escaso, apenas unas miles de pesetas y algunos dólares, abandonando después el vehículo utilizado para la fuga.
La investigación policial se activó de inmediato. En apenas dos días, los cinco integrantes de la banda, con edades comprendidas entre los 17 y los 19 años, fueron detenidos o se entregaron voluntariamente al saberse identificados.
Un juicio en plena Transición
Dos años después, el 9 de marzo de 1978, los acusados se sentaron en el banquillo de la Audiencia Provincial de Valencia. El juicio se celebró en un contexto histórico excepcional, con España inmersa en la Transición democrática y a pocos meses de la aprobación de la Constitución.
Las declaraciones confirmaron el relato de un atraco violento y descontrolado. El principal acusado reconoció haber disparado sin apuntar, con la intención de asustar, aunque uno de los tiros resultó mortal. El fiscal solicitó la pena de muerte para todos los procesados.
La condena al garrote vil
Cuatro días después del juicio, la Audiencia Provincial dictó una sentencia histórica: pena de muerte por garrote vil para los cinco jóvenes, incluido el conductor que no había entrado en el local. La dureza del fallo reflejaba una legislación todavía anclada en el pasado, aunque ya cuestionada por una sociedad en plena transformación.
Mientras esperaban la ejecución en la cárcel Modelo de Valencia, dos de los condenados intentaron suicidarse en varias ocasiones. La desesperación, el miedo y la culpa marcaron aquellos meses de espera en el corredor de la muerte.
La Constitución que salvó sus vidas
El 29 de diciembre de 1978, la aprobación de la Constitución Española abolió la pena de muerte en tiempos de paz. Aquella reforma legal salvó la vida de los cinco condenados, que vieron conmutada su sentencia por largas penas de prisión.
El propio tribunal había elevado al Gobierno una propuesta alternativa, considerando excesivamente rigurosa la ejecución y recomendando una condena de hasta 30 años de reclusión con fines de reinserción.
Trayectorias marcadas por la violencia
Tras la conmutación de la pena, las vidas de los condenados siguieron caminos muy distintos. Algunos cumplieron largas estancias en prisión, mientras que otros protagonizaron fugas, reincidencias delictivas y nuevos encarcelamientos. Uno de ellos llegó a convertirse en un preso especialmente conflictivo, acumulando delitos incluso tras recuperar la libertad provisional.
La historia de este caso, reconstruida años después en libros y testimonios, sigue generando debate sobre la justicia, la violencia juvenil y el significado real de la reinserción.
Una víctima que no debe olvidarse
Más allá del impacto judicial y político, el crimen de la whiskería Don Cicuta dejó una herida profunda en la memoria de Valencia. María Luz Divina Peláez, una joven que buscaba un futuro mejor, se convirtió en una víctima silenciosa de una época marcada por la violencia y las desigualdades.
Su muerte recuerda que el final de la pena de muerte en España no fue solo una conquista legal, sino también una respuesta tardía a tragedias humanas irreparables.