Pocas acciones parecen tan simples como brindar. Alzar la copa, sonreír, chocar el cristal y beber. Sin embargo, alrededor de ese gesto cotidiano se ha construido uno de los repertorios de supersticiones más persistentes de la cultura europea.

No son ocurrencias modernas ni manías sin sentido. La mayoría nacen de miedos reales, de contextos históricos duros y de una necesidad muy humana: protegerse de lo imprevisible.
Brindar, durante siglos, fue un acto cargado de peligro. Y las supersticiones son la huella que dejó ese miedo.
No brindar con agua: la superstición más conocida

Es la frase que todos hemos oído alguna vez:
“No brindes con agua, que trae mala suerte”.
Su origen no está en una sola cultura, sino en varias capas superpuestas.
Por un lado, el agua fue durante siglos:
- Símbolo de pobreza y escasez
- Bebida de necesidad, no de celebración
- A menudo insalubre y asociada a enfermedad
Pero hay algo más profundo. En el mundo marinero, brindar con agua se asociaba directamente a la muerte. El agua era el lugar donde desaparecían los ahogados. De ahí expresiones como:
“Con agua solo brindan los muertos”.
Brindar con vino o alcohol era una forma simbólica de afirmar la vida. Hacerlo con agua rompía ese equilibrio.
Mirar a los ojos al brindar
Hoy se dice que no mirar a los ojos trae mala suerte. Antes, era una norma de seguridad.
Mirar al otro significaba:
- Comprobar que bebía de verdad
- Evitar engaños
- Vigilar posibles trampas
En épocas de envenenamientos frecuentes, no apartar la mirada era una forma de control mutuo. Con el tiempo, el miedo se convirtió en superstición, pero el gesto quedó.
Chocar copas antes de beber
No chocar las copas se considera de mala educación, e incluso de mal augurio en algunos lugares.
El origen es inquietante: chocar las copas con fuerza permitía que el líquido salpicara de una a otra. Si una estaba envenenada, ambas lo estarían.
El gesto decía sin palabras:
“Si muero yo, mueres tú”.
Hoy el choque es suave y simbólico, pero durante siglos fue una amenaza elegante.
No cruzar los brazos al brindar
Cruzar los brazos al chocar copas está mal visto y, en algunas culturas, trae mala suerte.
Esta superstición nace de la idea de:
- Romper la armonía del grupo
- Alterar el orden del ritual
- Crear confusión visual en un momento clave
En un acto donde todos debían beber al mismo tiempo, cualquier desorden era sospechoso. El cruce de brazos se asociaba a caos, y el caos, a peligro.
Brindar sin beber
Hacer el gesto del brindis y no beber es considerado de mal augurio.
En su origen, era directamente ofensivo. Significaba:
- Desconfianza hacia los demás
- Sospecha de veneno
- Falta de compromiso con el grupo
El brindis exigía culminación. Levantar la copa y no beber era romper el pacto implícito.
Brindar con la copa vacía
Una superstición muy extendida dice que brindar con la copa vacía atrae desgracias.
La explicación es sencilla: el brindis simboliza abundancia, deseo de prosperidad. Una copa vacía representa carencia, falta, ausencia.
En sociedades donde la escasez era una amenaza constante, simularla en un ritual festivo se consideraba atraerla.
Brindar solo o fuera del grupo
Brindar solo, sin que los demás levanten la copa, también se ha visto tradicionalmente como un mal augurio.
El brindis es un acto colectivo. Hacerlo en solitario rompe su esencia y se interpreta como:
- Aislamiento
- Ruptura del vínculo
- Desarmonía social
Las supersticiones del brindis castigan siempre lo mismo: salirse del grupo.
Derramar vino durante el brindis
Curiosamente, esta superstición es ambivalente.
En algunos lugares derramar vino es mala suerte. En otros, es señal de abundancia futura.
La contradicción se explica por el valor simbólico del vino:
- Derramarlo podía verse como desperdicio
- Pero también como exceso, como prueba de que hay más de sobra
Por eso, según la región, el mismo gesto cambia de significado.
Brindar demasiadas veces
En algunas culturas se evita brindar repetidamente sin motivo claro. Se cree que abusar del ritual lo vacía de sentido y puede atraer lo contrario de lo deseado.
El brindis no era un gesto trivial. Era solemne. Repetirlo sin causa podía interpretarse como burla al destino.
Supersticiones que sobreviven porque funcionan
Hoy sabemos que ninguna de estas creencias tiene efecto real. Pero siguen vivas porque cumplen funciones sociales muy claras:
- Ordenan la mesa
- Refuerzan el grupo
- Crean complicidad
- Añaden humor y tradición
Las supersticiones del brindis son, en el fondo, manuales antiguos de convivencia, adaptados al lenguaje del miedo y el ritual.
Un gesto cargado de memoria
Cada vez que alguien dice “no brindes con agua”, no está invocando la mala suerte. Está repitiendo, sin saberlo, siglos de historia.
Brindar fue peligroso.
Brindar exigía confianza.
Brindar implicaba riesgo.
Y quizá por eso, incluso hoy, seguimos haciéndolo con cuidado, con una sonrisa… y casi siempre con vino. 🍷