Hay frases que se dicen casi sin pensar. Se repiten en comidas familiares, en bodas, en cenas con amigos. Y una de las más escuchadas es esta:
“¿Cómo brindas con agua? Eso trae muy mala suerte”.
La mayoría la dice en tono de broma, pero lo curioso es que la superstición no es inventada ni moderna. Tiene siglos de historia, mezcla miedo, ritual, marineros, vino y una forma muy humana de enfrentarse a la muerte.
Brindar no era un gesto inocente
Hoy levantar una copa es algo automático. Pero durante siglos brindar era un pequeño ritual social cargado de significado.
Brindar significaba:
- Celebrar la vida
- Desear fortuna y protección
- Sellar alianzas
- Mostrar confianza mutua
Por eso no se hacía con cualquier cosa. Se utilizaban bebidas fermentadas: vino, cerveza, hidromiel. Bebidas “transformadas”, asociadas a la abundancia y a la alegría.
El agua, en cambio, era lo contrario:
- Lo cotidiano
- Lo necesario, pero no festivo
- Lo que se bebía cuando no había nada más
Brindar con agua rompía el sentido del gesto.
El miedo al mal presagio
En muchas culturas europeas se creía que los rituales mal ejecutados atraían desgracias. Un brindis mal hecho no era solo un error social: era una invitación a la mala suerte.
Y ahí aparece el agua.
El agua estaba ligada a:
- Enfermedades antiguas (cuando no era potable)
- Hambre y pobreza
- Luto y penitencia religiosa
Brindar con ella era casi un oxímoron: celebrar usando el símbolo de la carencia.
La tradición marinera: el origen más oscuro
Uno de los orígenes más citados de esta creencia está en el mundo marítimo.
Entre los siglos XVII y XIX, en puertos de toda Europa, existía una idea muy extendida:
- Con agua solo brindan los muertos
- El agua era el lugar donde muchos marineros habían desaparecido
- Brindar con ella era “llamar” al mar
En algunas tabernas se decía directamente:
“Con agua brindan los ahogados”.
Por eso los marineros brindaban siempre con alcohol, incluso antes de zarpar. El alcohol era una forma simbólica de desafiar al destino.
Centroeuropa y la maldición del brindis
En Alemania, Austria y zonas del norte de Europa, la superstición tomó una forma aún más concreta.
Allí se decía que:
- Brindar con agua traía siete años de mala suerte
- O incluso la muerte prematura de uno de los presentes
Estas creencias viajaron con soldados, comerciantes y marineros y acabaron asentándose en otros países, incluida España.
El vino como símbolo de vida
En el mundo mediterráneo el contraste era todavía más fuerte.
El vino representaba:
- Vida
- Alegría
- Prosperidad
- Comunidad
No por casualidad está presente en fiestas, rituales religiosos y celebraciones desde hace milenios.
Frente a eso, el agua no tenía carga simbólica positiva en el brindis. Era neutral, fría, sin historia festiva.
Por eso, cuando alguien alzaba una copa de agua, no se veía como algo práctico, sino como un gesto “fuera de lugar”.
¿Y hoy por qué seguimos diciéndolo?
Hoy sabemos que no pasa absolutamente nada por brindar con agua. Pero la frase sigue viva porque cumple varias funciones sociales:
- Rompe el hielo
- Añade humor a la mesa
- Conecta generaciones
- Mantiene viva una tradición oral
Por eso todavía se oye en comidas familiares, bodas o celebraciones:
“No brindes con agua, que trae mala suerte”.
Y casi siempre se dice con una sonrisa… mientras alguien corre a cambiar la copa.
Una superstición que habla de nosotros
En el fondo, esta creencia no va de agua ni de vino. Va de algo mucho más humano:
- El miedo al azar
- El deseo de controlar lo imprevisible
- La necesidad de rituales compartidos
Brindar es una forma de decir “estamos aquí, juntos, vivos”.
Y durante siglos, el agua no parecía la mejor forma de decirlo.
Hoy lo sabemos. Pero aun así… si puedes elegir, casi todos seguimos levantando la copa con vino. Por si acaso. 🍷