El Palau de la Música de València vivió ayer una de esas tardes que no salen en el programa oficial, pero que lo dicen todo. El ensayo general de las presentaciones de las Falleras Mayores de València convirtió el auditorio en un espacio cargado de nervios, ilusión contenida y miradas que mezclaban responsabilidad y orgullo.








Sobre el escenario, las Falleras Mayores y sus Cortes de Honor recorrieron cada paso como si ya fuera el gran día. Entradas, tiempos, gestos, música y silencios se ajustaron al milímetro, pero lo verdaderamente palpable no estaba en el protocolo, sino en el ambiente. Ese instante previo en el que todo está a punto de suceder y las emociones todavía no han explotado del todo.
El ensayo sirvió para afinar iluminación, sonido y coordinación técnica, pero también para algo menos visible y mucho más importante: tomar conciencia del momento que están a punto de vivir. Cada saludo, cada mirada al público vacío, anticipaba el peso simbólico de representar a toda una ciudad.
El Palau, testigo habitual de los grandes actos falleros, volvió a demostrar por qué es mucho más que un escenario. Ayer fue refugio de nervios, complicidad entre compañeras y primeros suspiros profundos antes de enfrentarse a una de las citas más solemnes del calendario fallero.
Con este ensayo, València da un paso más hacia uno de los momentos más esperados del año. Las Fallas empiezan a sentirse de verdad cuando las protagonistas pisan el escenario y el silencio previo anuncia que la emoción está a punto de desbordarse.