Durante años, Castellón ha sido una de esas ciudades que no encajaban en los tópicos. Ni masificada ni artificial, ni recluida en un solo icono turístico. Y quizá por eso, a menudo, mal entendida. Pero en 2026 la capital de la Plana ha decidido dejar de justificarse y hacer justo lo contrario: reivindicar su diferencia como valor.
Con el lema «Castellón es otra cosa», la ciudad se presenta en FITUR con una propuesta clara: mostrar su identidad real, sin disfraces, y convertir el orgullo local en su mejor reclamo turístico.






Cuando una crítica despierta identidad
Todo comenzó con un comentario televisivo que cuestionaba si Castellón era realmente un destino atractivo. Lejos de esquivarlo, el Ayuntamiento de Castellón recogió el guante y transformó la polémica en una reflexión colectiva. ¿Y si, precisamente, no parecerse a nadie fuera su mayor fortaleza?
La respuesta ha sido una estrategia que huye de la comparación constante y apuesta por contar Castellón desde dentro: una ciudad mediterránea, habitable, con mar, cielo, fiestas propias y una relación muy sincera con su territorio.
Un verano marcado por el cielo: el eclipse total de sol
El gran acontecimiento que sitúa a Castellón en el mapa internacional llegará el 12 de agosto de 2026, cuando la ciudad se convierta en uno de los mejores lugares del mundo para observar un eclipse total de sol. Un fenómeno que no se producía con estas características desde hace más de un siglo.
Las playas de Castellón y el entorno del Planetario de Castellon se preparan para acoger a visitantes atraídos por el llamado turismo científico, una tendencia en auge que combina divulgación, naturaleza y experiencia colectiva. Ver un eclipse total desde la costa mediterránea no es solo un espectáculo astronómico: es una postal irrepetible.
Viento, mar y tradición: la Castellón que mira al Mediterráneo
Más allá del cielo, Castellón refuerza su identidad marítima con dos citas ya consolidadas. Por un lado, el Festival del Viento, que transforma las playas en un gran escenario al aire libre donde el viento se convierte en aliado para el ocio familiar, las cometas gigantes y las actividades deportivas.
Por otro, Escala a Castelló, un evento que ha devuelto al puerto su papel cultural. En su novena edición, esta cita reúne embarcaciones históricas y refuerza la conexión de Castellón con otras ciudades mediterráneas como Sète o La Spezia, consolidando una auténtica ruta marítima cultural europea.
Comer Castellón: identidad también en la mesa
La gastronomía ocupa un lugar central en la propuesta. En FITUR, Castellón se presenta con showcookings de arroz a banda, tapas tradicionales y ximos, reivindicando una cocina honesta, de producto cercano y sin artificios.
No se trata solo de comer bien, sino de entender el territorio a través del sabor, una filosofía cada vez más valorada por el viajero que busca experiencias auténticas y no menús clónicos.
Magdalena, deporte y ciudad viva todo el año
Para el público general, Castellón apuesta por la interacción y la fiesta. Las Fiestas de la Magdalena, auténtico corazón identitario de la ciudad, tendrán protagonismo con recreaciones, música tradicional y la presencia de la reina de las fiestas y su corte.
Además, la ciudad refuerza su perfil como destino de turismo deportivo y de congresos, con una agenda que demuestra que Castellón no vive solo del verano. Eventos, competiciones y encuentros profesionales encuentran aquí una ciudad cómoda, bien conectada y con calidad de vida.
Castellón no compite: se define
El mensaje que Castellón lanza en 2026 es claro y valiente: no quiere competir por ser otra ciudad, sino por ser ella misma. Ni más grande, ni más ruidosa, ni más impostada. Mediterránea, cercana, con cielo limpio, puerto vivo y barrios que se sienten habitados.
Quizá por eso, cuando alguien pregunta por qué Castellón es distinta, la respuesta empieza a ser evidente.
Porque no necesita parecerse a nadie.
Porque, sencillamente, Castellón es otra cosa.