Es una de las expresiones más crudas y frecuentes del español coloquial. Se usa para mostrar hartazgo, enfado, desprecio o cansancio extremo. Y, sin embargo, casi nadie se detiene a pensar de dónde sale realmente “dar por culo” ni por qué ha sobrevivido tantos siglos sin perder fuerza.
Porque no es una expresión moderna, ni vulgar por casualidad. Su origen es antiguo, histórico y mucho más serio de lo que parece.
Un insulto que no nació como broma
Hoy “dar por culo” significa:
- Molestar insistentemente
- Fastidiar
- Cargar a alguien hasta el límite
Pero en su origen no era metafórico. Era literal.
Durante siglos, en Europa —y especialmente en la península ibérica— la sodomía fue considerada:
- Un pecado gravísimo
- Un delito penal
- Un acto de humillación extrema
No se entendía como una práctica sexual consentida, sino como un castigo, una imposición o una dominación.
“Dar por culo” significaba, literalmente, someter a otro por la fuerza, degradarlo, reducirlo.
Dominación, no sexo
Este punto es clave.
En el contexto medieval y moderno temprano, el sexo anal:
- No se asociaba al placer
- No se asociaba a la intimidad
- Se asociaba al castigo, la vergüenza y la pérdida de honor
Por eso la expresión no nace del ámbito erótico, sino del lenguaje del poder.
Decir que alguien “da por culo” es decir que:
- Invade
- Impone
- No respeta
- Somete sin consentimiento
Exactamente lo que hace alguien que molesta sin parar.
Uso militar y carcelario
La expresión se consolidó en entornos muy concretos:
- Ejércitos
- Cárceles
- Galeras
- Ambientes de castigo y jerarquía
En estos contextos, “dar por culo” era sinónimo de:
- Abusar del subordinado
- Ejercer poder humillante
- Castigar más allá de lo necesario
Cuando el lenguaje pasó al ámbito popular, se perdió el acto literal, pero se mantuvo la idea central: la agresión constante.
Del cuerpo al lenguaje
Con el paso del tiempo, la expresión sufrió un proceso muy habitual en el idioma:
- Se desliteralizó
- Se convirtió en hipérbole
- Pasó a expresar una sensación
Ya no hacía falta violencia física. Bastaba con:
- Repetir algo hasta la exasperación
- Insistir sin tregua
- No dejar en paz
Así, “dar por culo” pasó a significar molestar hasta el límite psicológico.
¿Por qué “por culo” y no otra cosa?
Porque el culo, históricamente, ha sido:
- Zona de castigo (azotes)
- Parte del cuerpo asociada a la vergüenza
- Símbolo de sometimiento
Atacar ahí, simbólicamente, era atacar la dignidad.
Por eso la expresión funciona tan bien: no habla solo de molestia, habla de invasión, de cruzar una línea.
Una expresión brutal… y precisa
A diferencia de otros insultos, “dar por culo” no es difuso. Es muy concreto emocionalmente.
No se usa para:
- Una molestia leve
- Un enfado puntual
Se usa cuando alguien:
- No para
- No escucha
- No respeta
- Se mete donde no debe
Es el lenguaje diciendo: “me estás sometiendo con tu insistencia”.
¿Por qué ha sobrevivido?
Porque es:
- Breve
- Contundente
- Visual
- Emocionalmente exacta
Y porque el español, especialmente el coloquial, no huye de lo corporal cuando quiere ser expresivo.
Además, ha ido perdiendo carga sexual explícita para convertirse en una válvula de escape lingüística.
Del castigo a la queja cotidiana
Hoy se dice:
- “No me des por culo”
- “Este tema me da por culo”
- “Dejad de dar por culo ya”
Ya no hay violencia real.
Pero sigue habiendo límite, cansancio, hartazgo.
La expresión ha cambiado de forma, pero no de función.

Lenguaje que conserva la memoria
Como muchas expresiones malsonantes, “dar por culo” es un fósil lingüístico. Conserva en pocas palabras:
- Una historia de poder
- Una cultura del castigo
- Una forma antigua de entender la humillación
Usarla hoy es repetir, sin saberlo, una herencia brutal del pasado, suavizada por los siglos.
Y quizá por eso funciona tan bien.
Porque cuando alguien te “da por culo”, el idioma no necesita explicar nada más.