
























Cada 22 de enero, Valencia honra a uno de los personajes más antiguos y venerados de su historia: San Vicente Mártir, patrón de la ciudad y de su archidiócesis. Una festividad profundamente arraigada que, de forma singular, solo se celebra dentro de los límites históricos de la ciudad, marcados tradicionalmente por las cruces de término, una costumbre heredada de la Corona de Aragón.

Pero ¿quién fue realmente San Vicente Mártir y por qué su figura quedó unida para siempre a Valencia?
Vicente de Huesca, diácono y mártir
San Vicente nació en Huesca a finales del siglo III. Fue diácono del obispo San Valero y destacó pronto por su firmeza doctrinal y su capacidad para predicar la fe cristiana en una época de fuerte persecución.
Durante el reinado del emperador Diocleciano, el Imperio romano emprendió una de las persecuciones más duras contra los cristianos. Vicente y Valero fueron detenidos y trasladados a Valencia, entonces una ciudad romana de importancia estratégica.
San Valero fue finalmente desterrado, pero Vicente permaneció en Valencia, donde sufrió torturas extremadamente crueles por negarse a renunciar a su fe. Murió martirizado en el año 304, convirtiéndose desde muy pronto en una figura de veneración popular.
El martirio en Valencia y el nacimiento de la devoción
La tradición sitúa varios escenarios del martirio de San Vicente en la propia ciudad: la columna donde fue atado, conservada hoy en la parroquia de El Salvador y Santa Mónica, el Pouet de San Vicente, antigua cárcel, y el lugar donde su cuerpo fue abandonado tras la ejecución.
Desde los primeros siglos del cristianismo, Valencia mantuvo viva la memoria del mártir. Su figura se convirtió en símbolo de resistencia, fe y protección, especialmente en tiempos de peligro.
San Vicente, protector de la ciudad tras la conquista cristiana
La vinculación definitiva de San Vicente con Valencia se produjo en el siglo XIII. Tras la conquista de la ciudad en 1238, el rey Jaume I atribuyó la victoria cristiana a la intercesión del mártir.
Como muestra de gratitud, Jaume I lo proclamó patrón de Valencia, considerándolo protector espiritual de la ciudad. Desde entonces, su figura quedó integrada en la identidad valenciana, no solo como santo, sino como símbolo histórico y cívico.
Patrón de la ciudad, la archidiócesis y los sastres
San Vicente Mártir es:
- Patrón de Valencia capital
- Patrón de la Archidiócesis de Valencia
- Patrón del Gremio de Sastres y Modistas
Esta última vinculación procede de la Edad Media, cuando los gremios adoptaban santos protectores relacionados con valores como el sacrificio, la constancia y el trabajo honesto.
En la Catedral de Valencia se conserva una de las reliquias más veneradas: un fragmento del brazo del santo, objeto de especial devoción.
Una fiesta singular dentro de las cruces de término
La fiesta de San Vicente Mártir tiene una característica única: solo se celebra dentro del término histórico de la ciudad, delimitado tradicionalmente por cruces de piedra situadas en los accesos urbanos. Esta costumbre refuerza su carácter estrictamente valenciano y urbano, a diferencia de otros patronazgos más amplios.
Los actos del 22 de enero
Cada año, la ciudad celebra la festividad con:
- Misa pontifical en la Catedral
- Procesión con la imagen del santo, obra del escultor valenciano José Esteve Bonet (siglo XVIII)
- Volteos de campanas
- Bautizos tradicionales, como el de un niño llamado Vicente o Jaime Vicente
- Celebraciones en rito hispano-mozárabe, una de las liturgias más antiguas de la cristiandad
Especial relevancia tienen los actos en La Roqueta, primitiva basílica sepulcral del santo, y en la parroquia de El Salvador y Santa Mónica, donde se conserva la columna del martirio.
Un santo que forma parte del paisaje de Valencia
San Vicente Mártir no es solo una figura religiosa. Es memoria histórica, tradición urbana y símbolo identitario. Su nombre da título a calles, parroquias, plazas y espacios que recuerdan que Valencia fue escenario de uno de los martirios más antiguos del cristianismo occidental.
Cada 22 de enero, la ciudad no solo celebra a su patrón. Recuerda su propio pasado, ese en el que fe, historia y ciudad se entrelazan de forma inseparable.
Porque en Valencia, San Vicente no es solo un santo: es parte de la ciudad misma.