El conocido como Edificio Roglá, situado en el número 11 de la avenida de María Cristina, en chaflán con la calle San Fernando, fue proyectado en 1928 por el arquitecto Javier Goerlich, en colaboración con el también arquitecto Cayetano Borso di Carminati González, quien asumió la dirección de las obras.

El promotor del inmueble fue Gervasio Roglá, una figura destacada del comercio y la vida económica valenciana de comienzos del siglo XX.
De El Llauraoret al nuevo eje urbano
Antes incluso de la apertura de la entonces avenida de Pablo Iglesias —actual María Cristina— y de las nuevas alineaciones urbanas proyectadas también por Goerlich, Gervasio Roglá ya tenía presencia comercial en la zona con el conocido Almacén El Llauraoret.

Este establecimiento se ubicaba en la plaza del Mercado, números 8 y 9, y en la calle Liñán número 1, y estaba dedicado al comercio de tejidos, pañería, sedería, trajes de señora, juegos de cama y ropa blanca, un sector clave en la Valencia comercial de la época.
Un promotor clave en la Valencia moderna
Más allá de su faceta como comerciante, Gervasio Roglá fue también una figura relevante en el desarrollo económico de la ciudad. Junto con José Grollo, fue uno de los fundadores de la Feria de Muestras de Valencia en 1919, institución clave en la proyección industrial y comercial valenciana durante el siglo XX. Además, ejerció como consejero del Banco de Valencia, lo que refuerza su perfil como empresario influyente de su tiempo.
Actividad comercial antes del final de obra
Un detalle significativo del Edificio Roglá es que antes incluso de finalizar la construcción y obtener el final de obra, el propio Gervasio Roglá ya inició la actividad comercial en los bajos del edificio. En esta nueva etapa, el establecimiento adoptó el nombre comercial de “Gervasio Roglá”, consolidando así la continuidad entre su trayectoria previa y el nuevo enclave urbano.
Este hecho refleja el dinamismo del comercio valenciano de los años veinte y la rapidez con la que los nuevos espacios urbanos eran ocupados y puestos en funcionamiento.
Neobarroco valenciano: el lenguaje de una época
Desde el punto de vista arquitectónico, el edificio responde al neobarroco valenciano, un lenguaje estilístico plenamente vigente en la Valencia de finales de los años veinte. Este estilo, caracterizado por la riqueza ornamental, el gusto por el detalle y la monumentalidad urbana, se convirtió en una seña de identidad del nuevo centro cívico de la ciudad.
El Edificio Roglá se integra así de forma natural en el conjunto arquitectónico de la plaza del Ayuntamiento, donde este lenguaje se puede apreciar en numerosos inmuebles levantados en la misma época, especialmente en los edificios situados entre los números 2 y 7 de la plaza.
Un testimonio del crecimiento urbano de Valencia
Hoy, el Edificio Roglá sigue siendo un testimonio visible de la Valencia en transformación de principios del siglo XX: una ciudad que abría nuevas avenidas, redefinía su centro urbano y combinaba arquitectura representativa con una intensa actividad comercial.
Un ejemplo más de cómo la historia de Valencia también se escribe en sus fachadas.