Mirar Valencia desde el cielo en los años 50 es asomarse a un momento de transición urbano, todavía marcado por huertas, caminos sin pavimentar y una ciudad que empieza a crecer más allá de sus murallas históricas. Las fotografías aéreas de esa década nos muestran una urbe que ya piensa en el futuro, pero que aún conserva buena parte de su estructura tradicional antes de la gran expansión de los años siguientes.

El Grupo Artes Gráficas: un proyecto pionero


En el centro de esa imagen aérea destaca el Grupo Artes Gráficas, en construcción. Este conjunto fue proyectado por Javier Goerlich, arquitecto de referencia de la posguerra valenciana, y simboliza uno de los primeros pasos hacia una nueva manera de entender la ciudad moderna: barrios organizados, edificios con vocación colectiva y espacios pensados para vivir y trabajar.
Desde el aire se aprecia cómo las estructuras van tomando forma, mientras a su alrededor aún se extienden terrenos abiertos y calles que esperan su momento de urbanización.

Calles abiertas, pero sin pavimentar
La ciudad de los años 50 tenía muchas vías ya trazadas, pero incontables de ellas aún no estaban pavimentadas. Entre los nombres que podemos identificar están:
- Paseo al Mar (la actual Blasco Ibáñez), una arteria que conectaba la ciudad con el mar y que empieza a consolidarse como eje principal.
- Calle Artes Gráficas, acercando el nuevo barrio al corazón urbano.
- Avenida de Suecia, trazada pero todavía sin los acabados que la convertirían en una de las grandes avenidas de la Valencia moderna.
- Rodríguez Fornos, otro de los caminos que garantizaban movilidad pero sin el asfalto y las aceras que hoy damos por hechas.
Este escenario nos recuerda que Valencia, en esos años, era una ciudad en obra permanente, construyéndose a medida que crecía demográfica y socialmente.
Mestalla y los grandes edificios pendientes
Desde esa imagen aérea también se vislumbra de forma parcial la grada norte del Estadio de Mestalla, un estadio que ya era emblema del deporte valenciano, aunque todavía lejos de la fisonomía que adquiriría décadas después con sus ampliaciones.
Y, mirando al horizonte urbano, hay proyectos que aún no habían comenzado:
- La Facultad de Derecho, diseñada por Moreno Barberá, todavía era solo un proyecto en las mentes de arquitectos y planificadores.
- La sede de la Confederación Hidrográfica del Júcar, obra de Miguel Colomina, por construirse.
- Los colegios El Pilar y Guadalaviar, que hoy forman parte del tejido educativo valenciano, no estaban aún levantados.
- La avenida de Catalunya todavía era una idea distante.
- La avenida de Aragón, que se abriría y urbanizaría tres décadas después, en 1982, aún permanecía fuera del paisaje urbano.
Una ciudad en ciernes
Ver Valencia desde el aire en los años 50 es observar un territorio de huertas y trazados, de edificios emergentes y espacios vacíos, de calles que esperaban el paso del tiempo para consolidarse. Es la imagen de una ciudad que ya había dejado atrás las secuelas de la guerra, pero que todavía no había estallado en la expansión que caracterizaría a partir de los años 60 y 70.
Cada calle sin pavimentar, cada solar vacío o cada edificio en construcción es un testigo mudo de una Valencia en plena metamorfosis, en la que la modernidad se vislumbraba en el horizonte… y todavía quedaba por llegar.