Visitar la Capilla del Santo Cáliz es adentrarse en uno de los espacios más sobrecogedores de la Catedral de València. Un lugar recogido, cargado de historia y significado, donde arte y fe se entrelazan alrededor de una de las reliquias más veneradas del cristianismo.
Cómo acceder a la Capilla del Santo Cáliz
El recorrido comienza al entrar por la Puerta de los Hierros de la catedral. Tras adquirir la entrada, basta con dirigirse a la primera capilla situada a la derecha.

El ambiente cambia de inmediato. El ruido del exterior se disipa y da paso a un espacio sobrio y silencioso, pensado para la contemplación. Tras el altar, protegido por una urna acristalada, se encuentra el Santo Cáliz, una pieza de valor incalculable tanto por su significado religioso como por las historias y leyendas que ha generado a lo largo de los siglos.
El retablo de alabastro: una joya del siglo XV
Presidiendo la capilla se alza un imponente retablo de alabastro realizado por el escultor italiano Giuliano Poggibonsi, discípulo de Lorenzo Ghiberti, uno de los grandes maestros del Renacimiento florentino.
Esta obra fue originalmente la puerta del coro de la catedral en el siglo XV. El conjunto está formado por doce relieves que representan escenas del Antiguo y del Nuevo Testamento, creando un marco simbólico que envuelve visualmente al Santo Cáliz y refuerza su carácter sagrado.

La bóveda estrellada: mirar al cielo desde la capilla

Al levantar la vista, la arquitectura se convierte en mensaje. La bóveda de crucería nervada adopta forma de estrella, un diseño cargado de simbolismo celestial.
En las claves aparecen representados los doce apóstoles y, en el centro, la escena de la coronación de la Virgen tras la Asunción. Un conjunto que invita a la contemplación y que refuerza la sensación de estar en un espacio pensado para lo trascendente.
Objetos históricos que narran victorias y memorias
En uno de los laterales de la capilla cuelgan unas enormes cadenas de hierro. Se trata de los eslabones que cerraban el puerto de Marsella y que fueron traídos a València por Alfonso V el Magnánimo tras la conquista de la ciudad en 1423.
Sobre estas cadenas se sitúa el lienzo Expulsión de los moriscos, obra de Vicente López, mientras que en el lado opuesto puede contemplarse un fresco con la Adoración de los Reyes, atribuido a Nicolás Florentino. Ambos elementos refuerzan el carácter histórico y simbólico del conjunto.
Un espacio donde la historia sigue viva

La Capilla del Santo Cáliz no es solo un lugar para ver, sino para sentir. Cada detalle —desde la arquitectura hasta las obras de arte y los objetos históricos— contribuye a contar una historia que conecta València con algunos de los episodios más relevantes de la historia religiosa y cultural de Europa.
Un espacio íntimo, cargado de significado, que convierte la visita a la catedral en una experiencia profunda y memorable.