València ocupa un lugar singular dentro de la historia del cristianismo por ser la ciudad que custodia una de las reliquias más veneradas del mundo: el Santo Cáliz. Desde el año 1437, esta pieza de incalculable valor espiritual se conserva en la Catedral de València, donde ha sido objeto de devoción, estudio y admiración durante siglos.
La reliquia se encuentra expuesta en su propia capilla desde 1916, un espacio que se ha convertido en uno de los enclaves más visitados y simbólicos del templo catedralicio. Allí, el Santo Cáliz representa no solo un objeto de culto, sino también un vínculo directo entre la historia sagrada y la ciudad.
Un largo viaje hasta València
La tradición identifica el Santo Cáliz como la copa que pudo haber sido utilizada por Jesucristo en la Última Cena. Antes de llegar a València, la reliquia recorrió distintos territorios a lo largo de los siglos, atravesando momentos clave de la historia europea.
Fue en 1432 cuando el Santo Cáliz llegó finalmente a la ciudad. En aquel momento, València vivía una etapa de gran esplendor cultural, político y económico, lo que la convirtió en un lugar idóneo para acoger y proteger un símbolo de fe de tal relevancia.
El Tercer Año Santo Jubilar del Santo Cáliz
La importancia espiritual de la reliquia se ve reforzada con la celebración del Tercer Año Santo Jubilar del Santo Cáliz, que se desarrollará entre el 30 de octubre de 2025 y el 29 de octubre de 2026.
Durante este periodo excepcional, València vuelve a convertirse en ciudad jubilar, permitiendo a los fieles obtener la indulgencia plenaria, un privilegio reservado a ocasiones de especial relevancia dentro de la Iglesia Católica.
Una ciudad marcada por el Santo Cáliz
Más allá de su dimensión religiosa, el Santo Cáliz forma parte del patrimonio histórico y cultural de València. Su presencia ha influido en la identidad de la ciudad, en su proyección internacional y en el desarrollo de rutas culturales y espirituales que conectan fe, arte y tradición.
Hoy, València no solo es depositaria de una reliquia única, sino también un punto de encuentro entre historia, espiritualidad y cultura viva, especialmente durante el Año Santo Jubilar.