El intercambio de parejas también ha encontrado su espacio en la industria turística, con alojamientos especializados, clubes, viajes organizados y cruceros donde la discreción y el consentimiento forman parte esencial de la experiencia
El turismo lleva años diversificándose hasta alcanzar prácticamente cualquier afición o estilo de vida. Hay viajes gastronómicos, deportivos, musicales, naturistas, de aventura y también vacaciones dirigidas específicamente a quienes forman parte del denominado ambiente swinger o liberal.
Es el llamado turismo swinger, un nicho turístico destinado fundamentalmente a adultos y parejas que quieren combinar sus vacaciones tradicionales con espacios donde pueden relacionarse con otras personas con intereses similares.
No se trata simplemente de reservar un establecimiento adults only. La diferencia es importante: un hotel exclusivo para mayores de edad puede buscar tranquilidad, descanso o una oferta alejada del turismo familiar sin tener ninguna vinculación con el intercambio de parejas. El alojamiento swinger, en cambio, incorpora deliberadamente el ambiente liberal dentro de su propuesta.
Aunque continúa siendo una modalidad minoritaria, existen estudios académicos que llevan años analizando este fenómeno y su transformación en un producto turístico específico. Una investigación publicada en Gran Tour: Revista de Investigaciones Turísticas, por ejemplo, estudió expresamente los cruceros swinger, sus características y las motivaciones y expectativas de sus pasajeros.
De los clubes a pasar todas las vacaciones en un resort
El concepto ha evolucionado considerablemente. El ambiente liberal estuvo tradicionalmente relacionado con clubes urbanos, fiestas privadas o determinados establecimientos nocturnos, pero progresivamente aparecieron alojamientos específicamente diseñados para este público.
Un estudio publicado en Cuadernos de Turismo ya identificaba en España la existencia de hoteles y swinger resorts, definidos como conjuntos de pequeñas villas próximas a la costa con instalaciones comunes como piscinas y jardines. El trabajo situaba este tipo de oferta, entre otros lugares, en Canarias, Costa Blanca y Costa del Sol.
El salto resulta significativo porque permite transformar una actividad puntual en unas vacaciones completas.
Los clientes pueden pasar varios días en un mismo complejo turístico disfrutando durante el día de los servicios habituales de cualquier establecimiento vacacional —piscina, gastronomía, solárium o excursiones— y participar posteriormente, si así lo desean, en fiestas y actividades dirigidas al público liberal.
Y hay una regla fundamental: estar alojado no obliga a participar en ninguna actividad sexual. El consentimiento y los límites establecidos por cada persona o pareja son elementos esenciales de estos espacios.
Canarias, uno de los grandes destinos españoles
Uno de los puntos donde esta modalidad ha encontrado especialmente acomodo es Gran Canaria, favorecida por el turismo internacional, el clima durante prácticamente todo el año y la tradición naturista de algunas de sus zonas.
Maspalomas y Playa del Inglés concentran una oferta turística para adultos que incluye establecimientos especializados en público liberal. Algunas guías turísticas dedicadas específicamente a este segmento presentan la zona como uno de los principales destinos europeos para parejas swinger.
No es un fenómeno completamente nuevo. Ya hace años se documentaba cómo algunos establecimientos canarios habían transformado pequeños complejos de bungalows en resorts destinados específicamente a esta clientela, buena parte procedente del norte de Europa.
Cruceros enteros para parejas liberales
El fenómeno también llegó al mar.
Existen operadores especializados que fletan barcos completos para convertirlos durante varios días en cruceros exclusivamente destinados al público swinger.
Barcelona ya ha recibido anteriormente este tipo de viajes. En 2017 hizo escala en la ciudad el Azamara Quest con 343 parejas participantes en un crucero liberal por el Mediterráneo. El itinerario incluía destinos como Roma, Mónaco, Saint-Tropez, Cap d’Agde, Ibiza y Barcelona.
La fórmula resulta especialmente interesante desde el punto de vista turístico: el barco continúa funcionando como un crucero convencional, con camarotes, restauración, espectáculos y escalas, pero incorpora fiestas temáticas y espacios reservados para sus pasajeros adultos.
Precisamente una investigación académica sobre estos cruceros señala que permiten combinar las motivaciones propias del turismo —visitar ciudades, gastronomía, cultura, descanso y ocio— con las propias del colectivo swinger.
Discreción, consentimiento y normas
Pese a la imagen que pueda existir desde fuera, estos establecimientos suelen funcionar mediante normas bastante estrictas.
La filosofía básica puede resumirse en una palabra: consentimiento.
Una invitación puede rechazarse sin necesidad de explicaciones y la participación en cualquier actividad debe ser voluntaria. A ello se añaden normalmente reglas sobre privacidad, fotografías, utilización de teléfonos móviles o comportamiento dentro de determinadas zonas.
La discreción constituye además uno de los principales atractivos comerciales. Para muchos clientes, alojarse lejos de su lugar habitual de residencia permite separar completamente estas vacaciones de su vida cotidiana.
Internet cambió el turismo liberal
La expansión de internet también ha resultado fundamental.
Antes, encontrar establecimientos o comunidades swinger dependía en gran medida del boca a boca. Las páginas especializadas, redes sociales y comunidades digitales permitieron conectar a viajeros, clubes, alojamientos y organizadores de eventos de diferentes países.
Una investigación publicada en la revista académica PASOS analizó precisamente la influencia de las páginas web en el desarrollo del turismo naturista y swinger y concluyó que las nuevas tecnologías habían favorecido considerablemente la difusión de estos destinos especializados.
El resultado es que una práctica tradicionalmente discreta ha terminado generando su propio pequeño ecosistema turístico.
Un turismo minoritario, pero con producto propio
No existen estadísticas oficiales que permitan conocer con precisión cuántas personas practican actualmente turismo swinger en España ni cuánto dinero mueve, por lo que sería arriesgado presentar el fenómeno como un mercado masivo.
Lo que sí puede comprobarse es que ya existe una infraestructura turística específicamente dirigida a esta demanda: resorts, hoteles, clubes, fiestas organizadas, comunidades digitales y cruceros temáticos.
Y España reúne varios de los ingredientes que busca este viajero: costa, clima, conexiones aéreas, vida nocturna y grandes destinos turísticos internacionales.
El turismo swinger demuestra así hasta qué punto se ha especializado el mercado vacacional. Hay viajeros que eligen destino por sus playas, otros por su gastronomía y otros por sus posibilidades deportivas. Y también existe un público que, además de sol, hotel y piscina, busca unas vacaciones donde la vida liberal forme parte del viaje.

