El histórico sillón pertenece a la Diputación, está documentado desde 1883 y reúne en una misma pieza el ceremonial de la monarquía, los Jocs Florals y las exaltaciones falleras.
Redacción Locos por Valencia
Cuando la fallera mayor de Valencia recibe su banda y toma asiento en la Cadira d’Or, ocupa un lugar cuya historia comenzó mucho antes de su elección. Ese sillón dorado que tantas veces aparece en las fotografías de las exaltaciones forma parte del patrimonio de la Diputación de Valencia y estuvo al servicio del ceremonial real antes de convertirse en uno de los símbolos más reconocibles de las Fallas.

Su nombre significa, literalmente, «silla de oro». La pieza es una talla de madera revestida con pan de oro, elaborada en talleres valencianos y de estilo neorrococó, una recuperación decimonónica del lenguaje ornamental del rococó. Las primeras noticias sobre su existencia se remontan a 1883. Esta referencia permite situarla en el siglo XIX, aunque no determina el año exacto de fabricación.
Uno de los episodios más destacados de su trayectoria tuvo lugar durante la Exposición Regional Valenciana de 1909, cuando la ocupó el rey Alfonso XIII. Las referencias patrimoniales difundidas por la Diputación también recogen su utilización en la coronación de la Virgen de los Desamparados y en los certámenes de los Jocs Florals. Su historia enlaza, por tanto, celebraciones reales, religiosas y literarias de Valencia.
Para el mundo fallero, su significado está unido a un momento muy concreto: la exaltación de las falleras mayores de Valencia y sus cortes de honor. Aunque se suele hablar de ella al recordar la proclamación, ambos actos son diferentes. La imagen de la máxima representante sentada en el trono, presidiendo el escenario después de recibir la banda, corresponde a la exaltación.
Junta Central Fallera lo recoge así en sus crónicas. En la dedicada a la exaltación de Consuelo Llobell, la llegada a la Cadira d’Or aparece como uno de los momentos centrales del homenaje a la fallera mayor. El sillón marca el lugar desde el que la representante de la fiesta recibe el reconocimiento del colectivo fallero.
Ese valor sentimental quedó especialmente claro el 23 de febrero de 2023. La Diputación reunió en el Palau dels Scala a 32 mujeres que habían sido falleras mayores de Valencia, desde María de los Llanos Borso di Carminati, representante de 1966, hasta Laura Mengó, fallera mayor de 2023.
Todas recibieron un recuerdo relacionado con una experiencia compartida: una reproducción a escala de la Cadira d’Or, realizada por el artista fallero Jordi Palanca. La miniatura evocaba el asiento desde el que habían presidido sus respectivas exaltaciones.
Queda, sin embargo, una parte de su recorrido pendiente de aclarar. Las fuentes consultadas no identifican al artesano que la realizó ni precisan cuándo comenzó a utilizarse en las exaltaciones falleras. Tampoco permiten señalar con seguridad quién fue la primera fallera mayor que la ocupó.
Esa laguna invita a seguir investigando una pieza que merece atención por sí misma. La próxima vez que aparezca en una exaltación, su dorado contará algo más que la solemnidad de la noche: detrás del asiento hay un objeto del siglo XIX que Valencia ha conservado y al que distintas generaciones han dado nuevos significados.