La piedra romana que acabó midiendo el trigo y dio nombre a una calle de Valencia

La calle de la Barxilla conserva una de las piezas más singulares de Valencia: una lápida funeraria romana dedicada «al mejor amigo» que siglos después habría sido reutilizada como patrón de una antigua medida valenciana para los cereales
Hay lugares de Valencia cuyo nombre encierra una historia. Y hay otros en los que esa historia continúa físicamente delante de nuestros ojos. La calle de la Barxilla, junto a la Catedral, pertenece a este segundo grupo.
En uno de los laterales del gran arco que comunica la Catedral de Valencia con el Palacio Arzobispal permanece empotrada una desgastada pieza de piedra. A primera vista puede pasar completamente inadvertida. Sin embargo, tras sus erosionados trazos se superponen aproximadamente dos mil años de historia.
Fue una inscripción romana. Siglos después habría servido como patrón de una antigua unidad valenciana para medir áridos. Y esa segunda utilización terminaría dando nombre a la calle.
¿Qué era una barxilla?
Antes de la generalización del sistema métrico decimal, pesos y medidas podían variar considerablemente de un territorio a otro.
Se utilizaban fanegas, varas, codos, pies, pulgadas y numerosas unidades de carácter local. Era necesario, por tanto, disponer de referencias que permitieran comprobar que aquello que se utilizaba para medir correspondía con la medida establecida.
En el antiguo Reino de Valencia una de esas unidades era la barxilla o barchilla, empleada para los áridos y especialmente relacionada con los cereales.
Según la tradición recogida en la fuente que estamos siguiendo, los carpinteros que fabricaban las cajas de madera utilizadas como barxillas acudían hasta esta piedra situada en el Palacio Arzobispal para comprobar que sus recipientes coincidían con el patrón oficial.
La fuente atribuye a una barxilla una capacidad aproximada de 10 litros, equivalente a un cuarto de fanega.
De ahí habría surgido el nombre de la actual calle de la Barxilla.
Pero aquella piedra no se hizo para medir trigo
Aquí comienza la parte más sorprendente.
La pieza sería mucho más antigua que el uso medieval que acabamos de describir. Se trataría originalmente de una lápida romana, concretamente de una inscripción del tipo denominado tabula ansata, reconocible por su característica forma rectangular con prolongaciones triangulares en sus laterales.
La reutilización de materiales romanos en construcciones posteriores no resulta extraña. Durante el Renacimiento, los restos antiguos encontrados durante las obras podían incorporarse a nuevos edificios y mostrarse como testimonios de la Antigüedad.
En Valencia existen otros ejemplos de inscripciones romanas reutilizadas, entre ellos los conservados en el entorno de la Basílica de la Virgen.
Pero a nuestra piedra le esperaba una transformación mucho más peculiar.
Las letras romanas fueron prácticamente borradas
La inscripción que vemos actualmente está extraordinariamente deteriorada.
Según la información recogida en la fuente, las letras habrían sido rascadas deliberadamente cuando la pieza se reutilizó como patrón para las cajas destinadas a medir cereal.
Eso explicaría que hoy resulte prácticamente imposible reconstruir la inscripción simplemente observando la piedra.
Sin embargo, conocemos su contenido gracias a transcripciones antiguas que conservaron el texto antes de que resultara ilegible.
En agosto de 2018, el Ayuntamiento de Valencia colocó además una placa explicativa que reproduce la inscripción atribuida a la pieza:
M • AQVILIO
AQVILINO
AN • XXXXVI
L • PORCIUS
SEVERUS
AMICO • OPTIMO
«A su mejor amigo»
Desarrolladas las abreviaturas latinas, el texto se interpreta como:
M(ARCVS) AQVILIO AQVILINO AN(NORVM) XXXXVI L(VCIVS) PORCIVS SEVERVS AMICO OPTIMO.
Es decir:
«A Marco Aquilio Aquilino, de 46 años, Lucio Porcio Severo, a su mejor amigo».
La fuente fecha el epitafio en el siglo II.
Y este detalle transforma por completo nuestra manera de contemplar la piedra.
Antes de medir trigo, aquella piedra hablaba de amistad.
Un hombre llamado Marco Aquilio Aquilino murió con 46 años. Otro hombre, Lucio Porcio Severo, dejó constancia de su recuerdo calificándolo con dos palabras extraordinariamente sencillas:
AMICO OPTIMO
«Al mejor amigo».
Muchos siglos después desaparecería prácticamente la inscripción, cambiaría la función de la piedra y hasta desaparecería el sistema de medidas para el que fue reutilizada.
Pero la piedra sobrevivió.
Del epitafio romano al mercado del trigo
Su segunda vida nos lleva a otra Valencia completamente diferente.
La propia toponimia del entorno resulta reveladora. La calle de la Barxilla se encuentra cerca de lugares históricamente relacionados con el comercio y almacenamiento de cereales: la calle de la Harina, la calle del Peso y el Almudín, antiguo espacio destinado al almacenamiento del grano.
El trigo tenía además una enorme importancia económica y fiscal. Entre otros usos, servía para satisfacer obligaciones como el diezmo eclesiástico.
Dentro de ese contexto se entiende la presencia de una referencia destinada a garantizar una medida determinada.
Una piedra funeraria romana habría pasado así a desempeñar una función absolutamente cotidiana: servir para controlar una medida utilizada en las transacciones de cereal.
Una piedra que sobrevivió incluso a la Guerra Civil
La historia material de la pieza todavía guarda otro episodio.
El arco renacentista que comunicaba la Catedral con el Palacio Arzobispal sobrevivió al incendio que afectó al edificio durante la Guerra Civil española (1936-1939).
El Palacio Arzobispal sería posteriormente reconstruido. La reconstrucción mantuvo en buena medida sus proporciones y estructura, aunque introdujo materiales diferentes, entre ellos el característico ladrillo rojo que actualmente puede observarse.
El arco permaneció.
Y con él, la piedra de la Barxilla.
De las barxillas a los litros
La introducción y posterior generalización del sistema métrico decimal terminó haciendo innecesario aquel complejo universo de medidas tradicionales.
Antes de metros, litros y kilogramos convivieron sistemas basados en varas, palmos, pies, pulgadas, codos, fanegas, barxillas u onzas, entre muchas otras unidades.
El problema es que una misma denominación no siempre representaba exactamente la misma magnitud dependiendo del territorio.
De ahí la enorme importancia de disponer de patrones físicos de referencia.
La vieja piedra valenciana habría desempeñado precisamente esa función.
Una historia escondida a plena vista
Hoy miles de personas pasan por este rincón del centro histórico sin reparar en ella.
Pero la deteriorada piedra del arco permite recorrer una extraordinaria sucesión histórica:
Roma → lápida funeraria → Edad Media → medida del cereal → comercio del trigo → calle de la Barxilla → Valencia actual.
Y detrás de toda esa historia permanece algo todavía más sencillo.
Hace cerca de dos mil años alguien quiso recordar a una persona que había muerto con 46 años.
No destacó sus riquezas, sus cargos ni sus hazañas.
Lo llamó:
AMICO OPTIMO.
Su mejor amigo.
Y quizá sea esa pequeña frase, prácticamente desaparecida de la piedra, la que mejor explique por qué merece la pena detenerse la próxima vez que atravesemos la calle de la Barxilla.