En Alberic, la Pascua no se entiende sin el aroma dulce que sale de sus hornos. Estos días, el municipio de la Ribera Alta vive uno de sus momentos más intensos del año, con obradores funcionando casi sin pausa para dar respuesta a una demanda que no deja de crecer.
Las tradicionales monas —especialmente el famoso panquemao— vuelven a convertirse en protagonistas, atrayendo a clientes no solo del pueblo, sino también de distintos puntos de Valencia e incluso de fuera de la Comunitat.
Jornadas maratonianas para cumplir con miles de pedidos
El ritmo en los hornos es frenético. Las encargos llegan por teléfono, internet y de forma presencial, acumulándose sin descanso.
Algunos obradores llegan a trabajar hasta 20 horas al día para poder atender toda la demanda. Detrás del mostrador no solo hay panaderos: familias enteras se implican en la elaboración.
“En estos días tira todo el mundo: primos, tíos, quien sabe hacer monas viene a ayudar”, explican desde uno de los hornos más conocidos del municipio.
El secreto de Alberic: tiempo, tradición y fermentación
A pesar del volumen de trabajo, en Alberic se mantiene intacta la forma tradicional de elaboración. No hay atajos.
El secreto está en las largas fermentaciones de la masa, un proceso que requiere paciencia y experiencia, pero que es clave para lograr ese resultado esponjoso y característico.
El acabado final, con su inconfundible color dorado en la parte superior, es lo que convierte a estas monas en un referente dentro de la repostería valenciana.
Una tradición que atrae a visitantes de toda la Comunitat
Aunque en Alberic este dulce se consume durante todo el año, es en Semana Santa cuando alcanza su punto álgido.
Muchos visitantes aprovechan estos días para acercarse expresamente al municipio, mientras que otros hacen parada obligatoria al pasar por la autovía.
El objetivo es claro: no irse sin probar una de las monas más famosas de la Comunitat Valenciana.
Mucho más que un dulce: identidad y orgullo local
Más allá del producto, las monas de Alberic representan una tradición que ha pasado de generación en generación.
Cada horno mantiene su receta, su técnica y su forma de trabajar, pero todos comparten algo en común: el respeto por el oficio.
En plena era de la producción rápida, Alberic sigue apostando por lo de siempre. Y eso, precisamente, es lo que hace que sus monas sigan siendo únicas.

