‘Solo una cosa era extraña, seguir pensando como antes’, de Melanie Smith, reúne cerca de 40 obras y parte de dos especies amenazadas para plantear una pregunta mucho más amplia: cómo se relaciona el ser humano con la naturaleza y qué significa realmente conservar una especie.
Dos animales separados por miles de kilómetros y aparentemente sin ninguna relación protagonizan la nueva exposición del IVAM en Valencia: el ajolote mexicano y el caracol púrpura o tixinda.
Ambos sirven a la artista mexicana-británica Melanie Smith para construir una reflexión sobre la extinción, la contaminación, la explotación de los recursos naturales y la forma en que los seres humanos representamos y nos relacionamos con otras especies.
La exposición, titulada ‘Solo una cosa era extraña, seguir pensando como antes’, reúne cerca de 40 pinturas, dibujos, esculturas y vídeos procedentes fundamentalmente de dos proyectos realizados por Smith en 2025: ‘Axolotl’ y ‘Tixinda’.
El ajolote: casi desaparecido en la naturaleza y omnipresente como icono
La primera parte de la exposición se centra en una de las criaturas más singulares de México.
El ajolote es un anfibio endémico del Valle de México que atraviesa una situación crítica en su hábitat natural.
Pero existe una enorme paradoja.
Mientras su supervivencia en libertad está amenazada, su imagen se ha multiplicado hasta convertirse en un auténtico icono popular.
Aparece en billetes, aplicaciones, campañas institucionales y todo tipo de productos comerciales. Incluso se ha convertido en una figura especialmente reconocible entre los niños.
La exposición plantea así una cuestión inquietante: ¿puede una especie sobrevivir como imagen al mismo tiempo que desaparece del lugar al que pertenece?
Un animal especialmente sensible a la contaminación
La propia biología del ajolote refuerza el mensaje de la muestra.
Su piel es extremadamente permeable y sensible a pesticidas y contaminación, lo que permite utilizarlo como bioindicador del estado del ecosistema.
Existe además otra contradicción.
El animal puede sobrevivir y reproducirse en cautividad, dentro de tanques de agua, mientras su presencia en su entorno natural se encuentra seriamente comprometida.
Melanie Smith utiliza esa circunstancia para cuestionar dónde se encuentra la frontera entre conservar una especie y conservar únicamente ejemplares de ella.
El extraño caracol que produce color púrpura
La segunda historia conduce hasta las costas de Oaxaca.
Allí sobrevive el caracol púrpura o tixinda, un molusco cuya secreción experimenta una transformación al entrar en contacto con la luz solar hasta adquirir un intenso color púrpura.
Ese color posee además una historia de miles de años.
Los pigmentos obtenidos de moluscos púrpura estuvieron relacionados con el poder, la riqueza y la nobleza en diferentes civilizaciones.
Fenicios y romanos desarrollaron en el Mediterráneo centros dedicados a su obtención, una actividad que el discurso de la exposición relaciona con algunas de las primeras formas históricas de explotación intensiva de recursos marinos.
Cuarenta obras entre realidad y ficción
El visitante no encontrará una exposición convencional sobre dos animales amenazados.
Smith combina pintura, dibujo, vídeo y esculturas de colores para mezclar historia, memoria, ficción y especulación.
El espacio se divide en dos grandes ámbitos correspondientes a los dos proyectos, conectados mediante una pantalla donde los vídeos se proyectan continuamente.
La artista construye así una narración por capas en la que pasado, presente y futuro terminan relacionándose.
Una invitación a dejar de mirar únicamente desde lo humano
El propio título, ‘Solo una cosa era extraña, seguir pensando como antes’, funciona como una provocación.
La propuesta busca desplazar la mirada habitual y pensar nuestra relación con los animales y los ecosistemas desde una perspectiva que no coloque necesariamente al ser humano en el centro de todo.
La exposición aborda la crisis ecológica sin recurrir exclusivamente a imágenes de catástrofes.
En su lugar utiliza dos especies concretas para plantear cuestiones universales sobre supervivencia, explotación, representación y convivencia entre especies.
Melanie Smith, nacida en Inglaterra en 1965 y vinculada desde los años noventa a la escena artística mexicana, ha expuesto en instituciones internacionales como el MoMA, Tate Modern o el Museo Tamayo y representó a México en la Bienal de Venecia de 2011.
Ahora llega al IVAM con una exposición en la que un ajolote que desaparece mientras su imagen se multiplica y un pequeño caracol capaz de producir púrpura sirven para preguntarnos si es posible afrontar la crisis ecológica sin cambiar primero nuestra manera de mirar la naturaleza.

