Durante décadas recorrió la provincia en Vespa fotografiando fiestas, familias y momentos cotidianos. Hoy su legado se está digitalizando para evitar que desaparezca una parte fundamental de la memoria colectiva castellonense.
Mucho antes de que existieran los teléfonos móviles, las redes sociales o las cámaras digitales, una mujer recorría los pueblos de Castellón con una cámara colgada al cuello y una Vespa como compañera inseparable. Su nombre era Carmen Sidro Muñoz y, sin saberlo, estaba construyendo uno de los archivos fotográficos más valiosos de la provincia.
Más de medio siglo después, su trabajo sigue vivo en su vivienda de Cabanes, donde se conservan alrededor de 120.000 negativos que documentan la vida de miles de personas durante buena parte del siglo XX.
Una pionera en una época difícil para las mujeres.
En una sociedad donde las oportunidades laborales para las mujeres eran muy limitadas, Carmen Sidro logró abrirse camino con una profesión poco habitual.
Mientras muchas mujeres permanecían ligadas al ámbito doméstico, ella recorría carreteras y caminos para asistir a fiestas patronales, celebraciones populares y eventos familiares. Su objetivo era sencillo: retratar a la gente de los pueblos.
Con su cámara captaba abuelos, matrimonios, niños, grupos de amigos, peñas festivas y escenas cotidianas que hoy tienen un enorme valor histórico y sentimental.
Su hija, Carmen Segarra Sidro, recuerda cómo su madre llegaba a cada localidad en busca de vecinos dispuestos a posar ante el objetivo.
Aquellas fotografías se convertían después en recuerdos familiares que pasaban de generación en generación.
Un viaje por la Castellón de mediados del siglo XX
El archivo de Carmen Sidro constituye una auténtica cápsula del tiempo.
Sus negativos permiten observar cómo eran los pueblos castellonenses hace más de cincuenta años, cómo vestían sus habitantes, qué tradiciones celebraban y cómo era la vida cotidiana en una época que hoy parece muy lejana.
Las imágenes reflejan una sociedad rural en transformación, marcada por las fiestas populares, las reuniones familiares y la convivencia vecinal.
Muchas de las personas retratadas ya han desaparecido, pero sus rostros siguen presentes en los kilómetros de negativos que Carmen conservó cuidadosamente durante décadas.
El peligro de perder una memoria irrepetible
El paso del tiempo también amenaza a este extraordinario legado.
Una parte importante de los negativos más antiguos está fabricado en nitrato, un material muy inestable que puede deteriorarse hasta desaparecer por completo.
Si eso ocurriera, se perderían para siempre millas de imágenes que forman parte de la historia de Castellón.
Por ese motivo se ha puesto en marcha un ambicioso proyecto de conservación y digitalización.
Especialistas en fotografía histórica trabajan actualmente analizando y escaneando el fondo documental para garantizar su preservación futura.
El objetivo es crear un archivo digital que permita conservar las imágenes y facilitar su consulta a investigadores, historiadores y familiares de las personas retratadas.
120.000 instantáneas de una provincia
La cifra impresiona por sí sola.
Alrededor de 120.000 negativos quedan almacenados en la vivienda familiar, una cantidad que convierte este fondo en uno de los archivos fotográficos privados más importantes relacionados con la historia reciente de Castellón.
Cada negativo contiene una pequeña historia.
Una boda.
Unas fiestas patronales.
Un grupo de amigos.
Un retrato familiar.
Un instante aparentemente cotidiano que hoy posee un valor documental incalculable.
La importancia de conservar la memoria gráfica.
La historia de Carmen Sidro demuestra la importancia que tiene preservar los archivos fotográficos antes de que sea demasiado tarde.
Las fotografías no solo muestran personas y lugares; También permiten comprender cómo vivían generaciones enteras, cómo evolucionaron los municipios y cómo cambiaron las costumbres a lo largo del tiempo.
Gracias a la labor de digitalización que se está realizando actualmente, millas de imágenes que corrían riesgo de desaparecer podrán seguir formando parte de la memoria colectiva de Castellón.
Y gracias a la mirada de una mujer adelantada a su tiempo, buena parte de la historia cotidiana de la provincia seguirá viva para las futuras generaciones.
¿Cuántas historias ocultas seguirán esperando entre esos 120.000 negativos que Carmen Sidro tomó recorriendo los pueblos de Castellón sobre su Vespa?

