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Carmen Prades convierte la Crida en un homenaje al Mediterráneo con su espolín “València”

La Crida no solo inaugura oficialmente las Fallas. También marca uno de los momentos más esperados en materia de indumentaria. Y en 2026, Carmen Prades apostó por un valor seguro con lectura simbólica: el espolín “València”, teñido en un intenso azul Mediterráneo.

Si en su Exaltación eligió el tono “Terreta”, evocando la tierra, en esta ocasión completó el relato visual mirando al mar.

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El “València”: historia tejida en seda

El espolín “València” es uno de los diseños más emblemáticos del histórico catálogo de Garín. Su dibujo es considerado por la sedería como una de las piezas más complejas de ejecutar. El ritmo de tejido apenas alcanza los tres centímetros por hora, una cadencia que convierte cada metro en una obra de artesanía.

Además, su ancho —superior al habitual en otros espolines— aporta mayor riqueza compositiva y presencia sobre el escenario.

Es un clásico, pero no uno cualquiera.

Un color que construye identidad

El azul elegido no fue casual. Representa el Mediterráneo, horizonte y carácter de la ciudad. La elección dialoga directamente con el “Terreta” de su traje de Exaltación, componiendo un discurso cromático coherente: tierra y mar, esencia dual de Valencia.

Sobre las murallas de las Torres de Serranos, el azul adquirió profundidad bajo la iluminación nocturna, reforzando la solemnidad del acto.

Un legado que viene de 1929

El “València” arrastra una trayectoria casi centenaria. El primer ejemplar mediático fue el que lució Pepita Samper en 1929 al ser proclamada Señorita de España. Aquella versión en amarillo dorado marcó un hito en la indumentaria tradicional.

Desde entonces, múltiples falleras mayores lo han incorporado a su ajuar, manteniendo intacta su aura de pieza emblemática.

Confianza y continuidad

El traje fue confeccionado por su indumentarista de referencia, Eduardo Cervera, quien adaptó el patrón a la silueta y estilo personal de Carmen. Como es habitual, el diseño se mantuvo en secreto hasta horas antes del acto, generando la expectación que rodea siempre al traje de la Crida.

La Corte de Honor lo conoció la víspera, en un encuentro íntimo previo a la jornada maratoniana que arranca de madrugada.

Tradición con mensaje

Lejos de apostar por la ruptura, Carmen eligió la elegancia atemporal. El azul Mediterráneo no solo embellece: comunica. Completa una narrativa visual iniciada meses atrás y reafirma el vínculo entre indumentaria e identidad.

En una noche donde la ciudad abría simbólicamente sus puertas al mundo, la Fallera Mayor vistió un traje que también hablaba de apertura: al mar, a la historia y a la continuidad de la tradición.

Y así, entre seda y pólvora, Valencia volvió a declararse en Fallas.

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